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La convocatoria sibilina

La actitud paternalista con la que algunos políticos tratan con condescendencia al personal justificando sus acciones propias en pro del bien común está bien para aquellos que no son especialistas en alguna materia concreta o que se conforman con la información interesada con la que se nos bombardea a diario desde los medios de comunicación más seguidos.

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Pero cuando las acciones se toman sobre el campo de experiencia vital o laboral de uno, los discursos oficiales comienzan a indigestarse, las ruedas de molino las devolvemos intactas para que comulgue con ellas su padre y una mala leche hervida asciende vertiginosamente hasta concentrarse en la zona genital, provocando su hinchazón.

Andalucía ha decidido convocar oposiciones docentes de Educación Secundaria con la ridícula cifra de doscientas plazas. A la mayoría de afectados por esta decisión nos parece una calamidad sibilina, pero por la opinión pública corre la postura de que esta es una idea valiente que marca las diferencias entre la política de recortes del PP, que está hundiendo a la clase trabajadora, y la decidida apuesta por el empleo del ejecutivo andaluz, que convoca oposiciones contra viento y marea con diez cañones por banda.

No, veamos: con el hachazo presupuestario que el Gobierno central le metió al sistema público educativo, las comunidades autónomas tuvieron que hacer muchos recortes, entre ellos se aumentó la ratio de las aulas y se añadieron dos horas más a la jornada laboral de los docentes.

Otras comunidades autónomas decidieron que esas dos horas de más no fueran lectivas, de modo que dicho aumento se tradujo en dos horas de guardia más a la semana, con lo que no se veía aumentado el número de profesores despedidos por el aumento de la ratio; pero Andalucía no lo hizo así y, recrudeciendo aún más las medidas del gobierno del PP, determinó que esas dos horas de más fueran lectivas, con lo que aumentó drásticamente el número de profesores despedidos hasta la famosa cifra de los 5402.

Ahora dicen que convocan tan pocas plazas porque el Gobierno central no les deja, echando la culpa de la actual situación de descalabro a Wert, Mariano y compañía y presentándose ante la opinión pública como un gobierno de izquierdas maniatado por los recortes que vienen desde Madrid y obligado a actuar en contra de su voluntad por estas mismas directrices centrales; de tal manera que, a pesar de todo, convocan oposiciones por su compromiso por el empleo y por el bien de interinos y aspirantes. No están diciendo toda la verdad.

En primer lugar no explican que la decisión de que las dos horas de más fuesen lectivas y no de guardia, con la cantidad de despidos que supuso, fue unilateralmente andaluza; no hay más que ver que otras comunidades autónomas no lo hicieron así.

En segundo lugar, convocar unas oposiciones donde no hay plazas para todas las especialidades y con un número, en las afortunadas, ridículo, no hace más que perjudicar al opositor, ¿por qué? Porque aún quedan muchos interinos con mucho tiempo de servicio y, por más nota que saque algún aspirante o alguien con poco tiempo de servicio, nunca podrá competir, en el baremo final, con el peso de dichos años de servicio, máxime si, por tribunal, hay únicamente una o dos plazas.

En resumen: convocar oposiciones es una estrategia sibilina para conseguir tres objetivos fundamentales: el primero, cómo no, recaudar dinero: para 200 plazas serán miles las personas que paguen las tasas más altas de España sin esperanza, alguna, de conseguir una de ellas.

El segundo, eliminar aspirantes: los aspirantes e interinos con tiempo de servicio que no pueden acogerse a las prebendas del decreto 302 necesitan aprobar para seguir en la bolsa de trabajo. El sistema de oposiciones ha vuelto a endurecerse, ya no es el transitorio de anteriores convocatorias, con lo cual, quien suspenda, se verá fuera de la bolsa de trabajo, ergo sin posibilidad alguna de trabajar en el sistema público de educación andaluz.

Y, por último, de paso, engañar a la opinión pública, porque hay muchos que piensan “pero al menos hay oposiciones, que es lo importante” y, como ven, lo importante hubiera sido, en todo caso, que no las hubiera.

PABLO POÓ
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